
por Alanis Negrón Salamán
Esta colección de Archivo Negro dedicada a Ismael Rivera Rivera apuesta a verlo más allá del Sonero Mayor o el Brujo de Borikén, como se le bautizó internacionalmente. La intención es, más bien, acercarnos a Ismael Rivera desde su rol como hijo, hermano, padre, abuelo, tío, amigo y compadre. Con los esfuerzos de la colectiva de Revista étnica, la Fundación Ismael Rivera y los familiares de Maelo, se curó la colección digital que amplía su acostumbrada representación en las tarimas hacia espacios más íntimos.
Como su bisnieta, es un honor servir de curadora a este acervo que surge desde el archivo personal de Ivelisse Rivera Rivera —mi tía bisabuela—. Durante años, Ivelisse recopiló fotografías familiares, cartas y recortes de periódicos relacionados a su hermano Ismael y la familia. Toda esa documentación de gran valor sentimental permaneció guardada en cajas. No fue hasta este año que la gestora cultural Abimar Colón Martínez catalogó los cientos de materiales que conforman el archivo. Ahora, gracias a la colaboración con Archivo Negro, se comenzó la digitalización de todo ese contenido y se tomaron las medidas de conservación necesarias para la perdurabilidad de este archivo familiar. Nos llena de suma alegría que estos documentos salgan de las cajas y queden accesibles para un público amplio en esta era digital.

Es curioso como, aunque no lo conocí en vida, siento afinidad con mi bisabuelo por la memoria construida a través de las anécdotas familiares y su música. Abuelo Ismael, como artista, me ha hablado siempre con sus canciones y soneos, pero acá, a partir de su calidad humana, me adentro a otra dimensión del diálogo trascendental desde el lenguaje fotográfico y su inconfundible caligrafía. Les invito a entrar en complicidad con las cajas de este archivo y a que redescubran a abuelo Ismael desde esa sonrisa contagiosa, sus eternos abrazos y sus cierres epistolares con el cariñoso “Jau, Jau”; que nos comunican, sobre todo, sobre sus vínculos familiares.

En el proceso curatorial intentamos mantener la fidelidad cronológica en el orden de las fotos, aunque a la vez hay una intención temática. Se agrupan las instancias de diferentes fases de su vida, de manera que su figura cobra sentido fuera de los camerinos, las cabinas de grabación y las carátulas de los discos. Hay un acercamiento a la familia que lo formó, a su espíritu aventurero, a su devoción por el Cristo Negro de Portobello en Panamá; todas son identidades que coexistían en él durante su apogeo artístico.

Esta colección está repleta de caras lindas de gente negra y empieza con Margarita Rivera García, mejor conocida como Doña Margot, junto a sus hijos Ismael, Laura y Diego. A quienes les sigue Luis Rivera Esquilín (papá de Ismael) luciendo como todo un dandi. Es clave destacar este linaje por la rareza de contar con fotos de los tatarabuelos. Entre esas caras del archivo familiar reconozco a mi abuela Margarita Rivera Fuentes y mi tío abuelo Ismael Rivera Fuentes, aún de niños, también a mi mamá Lehany Salamán Rivera en plena adolescencia. Me emocionan las fotos de él con varios bebés en sus brazos, pues muestran esa ternura y atención que tanto lo caracterizaban. Estos instantes de un pasado añorado me conmueven hoy a mí. Soy otra generación familiar que atesora este archivo y se dispone a quedar como custodio en el futuro para mantener la memoria consanguínea y el legado artístico.
Espero que esta colección les acerque a mi bisabuelo desde otra de sus facetas. La bendi al cielo. ¡Por siempre ecuajey!