
por Gloriann Sacha Antonetty Lebrón
Hay colecciones que se van revelando de maneras mágicas y misteriosas. Hay otras que las hemos visionado desde los comienzos de Archivo Negro. Para nuestra sorpresa, ya la mayoría del equipo de Revista étnica y Archivo Negro sentía una pasión por documentar en fotografías a sus amistades y sobre todo, a sus familias. En una de esas conversaciones mañaneras en Casa étnica, Rebe nos contaba que colocaba fotografías y algunos recuerdos en el techo de su litera. Kiana conserva aún los collages que realizaba para recopilar, en un solo arte, las memorias familiares. En mi caso, la primera versión de Archivo Negro se creó en la parte de atrás de la puerta de mi cuarto. Ahora que lo pienso, al parecer siempre he querido tener presente de quiénes y de dónde vengo: a mi familia nuclear, a mis amigues. Y así es que también nace esta colección desde la intención de incluir fotos familiares y establecer mecanismos, desde nuestra plataforma digital, para que las familias compartan sus fotografías. Han sido muchas reuniones y discusiones buscando soluciones sobre cómo recopilar y presentar las colecciones familiares en Archivo Negro.
Luego de varios meses “craneando” cómo trabajar las colecciones familiares, recibimos una invitación del equipo de Casa Saffra para unirnos a su espacio de residencia artística durante el verano de 2025 con el proyecto La Sala Libre en colaboración con diaspo.rico. La invitación fue para realizar un takeover de experiencias de Revista étnica y Archivo Negro por un fin de semana en la sala de Casa Saffra, en la calle Canals en Santurce. De inmediato coordinamos y nos sumamos a la instalación de Mikey Cordero y a la sala acogedora que Monique y Bianca Casablanca habían preparado para las siete semanas de residencia.
Una de las primeras ideas que se nos ocurrió fue tener una pared con fotografías de nuestras familias, diseñada por nuestra arquitecta Kiana Soto Andrades, que resultó ser una instalación de diez pies de alto en el espacio. Además de la pared de archivo, recreamos un espacio de biuti, tuvimos piezas de arte de Nitzayra Leonor, talleres de escritura creativa y de maquillaje, espacios de poesía, juegos y conversatorios sobre archivos comunitarios y familiares junto a la Fundación Ismael Rivera, la familia de Catalino “Tite” Curet y Taller La Plena. Sin duda, fue un takeover enriquecedor donde nombramos el concepto de “La Prietura”, término que descubrió Kiana rebuscando en los archivos del periódico El Mundo, en un artículo de 1988 escrito por el maestro “Tite” Curet Alonso. En aquel escrito, Tite describe la bomba y la plena como ritmo, canto y baile procedentes de “la prietura costeña nuestra” y afirmó que “sin ellos la puertorriqueñidad sería menor y no tan colectiva”. Con esto, entendimos que la negritud es el ente creador mayoritario de la cultura puertorriqueña.
Desde este concepto, y como parte del takeover, es que nace esta colección: La Prietura Desde Nuestras Salas. Entre nuestro equipo y las directoras de Junta —Carmencita, Rebe, Monique, Loira, Rovy, Kiana y yo— buscamos en álbumes familiares, cajas, emails y mensajes de texto compartidos con nuestros familiares fotografías que mostraran a nuestra gente en el espacio íntimo de la sala. También rebuscamos en las colecciones ya existentes de Ruth Fernández, Sylvia del Villard y en la de Vera y Roberto Clemente. Vimos en cada una de aquellas fotos el glamour cotidiano de nuestra gente. Les vimos entre risas y carcajadas, celebrando cumpleaños, comiendo quenepas, bailando y tocando instrumentos musicales. Imaginamos los sonidos de salsa, rumba, underground y boleros de esas salas que son nuestras memorias íntimas. Esas que nos transportaron, en cada foto, desde San Mateo de Cangrejos a El Gandul, por Lloréns, El Seboruco, Las Monjas, Caimito, Country Club, Sabana Abajo, Villa Fontana, Loíza y Ponce, hasta el Bronx, Brooklyn y El Barrio en Nueva York. Todo un viaje de afirmación de nuestra negritud. Nos paseamos por espacios de descanso, juego y afrojayaera que reflejan las modas, peinados, ropas, decoraciones y muebles de varias décadas y que le hacen honor a esa Prietura que definió Tite.
Lo mejor de nuestra cultura, desde lo sagrado de las salas de nuestra negrura hasta las páginas de nuestros archivos.